“AHORA DECIDO YO”

Con ese eslogan se presenta una campaña de márketing: Un grupo de jóvenes promueve la imagen de que cualquiera que tenga un móvil puede decidir quién gana o pierde, hablar directamente con cualquiera y hacerle cambiar de idea, no importa si es un presidente de una entidad o la Casa Real… la presión social es una voz fuerte que es escuchada y ese empoderamiento de la sociedad es lo que desde hace tiempo esta generando un ambiente enrarecido no sólo en las redes sociales, sino que también se está volviendo en contra de la propia sociedad.
Un gran poder genera una gran responsabilidad, pero esa parte parece q nos la hemos saltado: La irritación se ha apoderado de nuestro discurso. Quizás sea un reflejo de los cambios que están sucediendo en política: el darnos cuenta de que hay otras opciones de pensar y que, por tanto, el individualismo, el ser uno, el pensar diferente a lo tradicional, también es válido y es de respetar. Quizás sea ese individualismo y esa diversidad sea lo que da potestad al atrevimiento de quienes han estado callados y ahora se envalentonan en reclamar las cosas q les molestan, q no les gustan y que, además, proponen ideas y soluciones para mejorar.
Las redes sociales nos han dado la posibilidad de sociabilizarnos, de salir de nuestras barreras, de participar activamente en la vida pública, y por tanto, de reclamar protestar aconsejar recomendar….y nos ha empoderado: “Ahora decido yo”. Y eso está bien, siempre que haya autocontrol.
Cuando eres un personaje público, una empresa, un organismo, las ideas, fotos, actos, comentarios, recomendaciones que se vuelcan en tus redes sociales deben tener un discurso ético, profesional y controlado.
Cuando somos un individuo anónimo, unipersonal, que usa las redes sociales para mantenerse en contacto con sus amigos y familiares, para tener un foro de debate, para comunicarse y dar su opinión, no debería ser un problema decir lo que se piensa, pero lo es.
En la era de la comunicación, de la inmediatez, de la apertura del mundo, es cuando más controlados estamos y cuando más cuidado debemos tener sobre lo que escribimos.
Sin faltar al respeto y sin insultar deberíamos poder dar nuestra opinión sobre las cosas que nos gustan, pero también sobre las que no nos gustan. Pero no es así.
Es lícito que si alguien no está de acuerdo contigo, también lo manifieste y es positivo que así se haga, dentro del respeto. Pero como en redes no hay medidas, la difusión puede llegar a lugares insospechados,  a personas que no conoces y que no te conoce personalmente y que se toma muy a mal tu libertad para expresar un sentimiento, pensamiento o una experiencia personal.
Así que tened cuidado, las redes sociales ya no son lo que eran.
Y empecé a trabajar en ésto en el año 2008, y he vivido la evolución, la manipulación y el arresto que ha sufrido la libertad de expresión. Todo evoluciona. La sociedad cambia. Nosotros también cambiamos.
La crispación está presente en una medida u otra, hay temas tabú que enfrentan visceralmente a los grupos. Eso no es saludable. No es recomendable. No es positivo.
Las redes ya no son lo que eran.
Espero que vosotros sepáis llevarlo, yo disfruto cada vez menos de esta comunidad que en lugar de unirnos, nos separa.
Cada día me siento más lejos de Facebook y más cerca de las personas que a diario me conectan y me tocan, que son las que me importan.

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