Diario de mamá. Carta 1

Querida Carlota:

Tu padre se empeña en convencerme de que hay un tesoro escondido en Cáceres, ¿te imaginas?…le he seguido por todo el mundo demostrando científicamente que los milagros no existen, que el triángulo de las Bermudas es sólo una forma geométrica vista desde el espacio, que el Lago Ness no alberga dinosaurios y no sé cuántas aventuras más… y ahora me cuesta creer que sea él quién se ha obsesionado con esa ciudad.

Resulta que tu abuela Emilia le regaló por su cumpleaños un viejo libro de recetas familiar. Ya la conoces y siempre anda inventando… Esta vez lo que quería era que tu padre aprendiese a cocinar para Navidad el Pato a lo Orleans… Total, que a pesar de ser un precioso libro escrito a mano de generación en generación (la primera receta estaba fechada en México, en 1845), a tu padre no le hizo mucha gracia. Al ir a colocarlo en lo alto de la estantería, cayó al suelo y se abrieron las gruesas pastas dejando al descubierto unos documentos.

Los estuvimos mirando varias semanas maravillados y pensando qué hacer. El descubrimiento era tan importante que no queríamos que cayese en manos que lo quisiesen ocultar. Teníamos miedo de que no se investigase esta parte de la Historia y entonces decidimos hacerlo nosotros.

Pero…¿un tesoro oculto?. Me temo que las cartas hablan claramente de un tesoro oculto en la ciudad de Cáceres, pero no creo que sea algo material. No creo que sea un cofre lleno de monedas, ni algo similar. Creo que las cartas de la reina Isabel de Castilla hablan de la propia ciudad, de que Cáceres es una villa con buenos amigos suyos. Que allí se encuentra amada y protegida por las familias de los Golfines. Que la villa es un refugio. Que puede salir a cabalgar y despejar su mente de los problemas de la corte. Las cartas no sólo son de la Reina Isabel La Católica, sino que también hay extractos de otras que hablan de diferentes épocas de la historia de la ciudad y revelan datos importantes. Iré transcribiéndolas en el diario.

Hasta nuestra vuelta, las cartas las conserva a buen recaudo un muy buen amigo, historiador y lingüista, prefiero no decirte su nombre para no poner en peligro la investigación.

 

De momento, te quedas con la abuela Emilia. Es lo mejor, eres tan pequeñita…

No te preocupes, si todo sale como me imagino, en pocas semanas volveremos.

Un beso mi pequeña Carlota. Aún no me he ido y ya te estoy echando de menos.

Mamá.

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